Entrenador confirmado, entrenador destituido

Es una de las máximas del deporte, muy habitual en el fútbol. Si el presidente de un club confirma al entrenador tras una racha de malos resultados, éste debe de estar preparado para hacer las maletas en pocos días. Debe ser como una ley no escrita, un aviso al míster, una recomendación para que vaya empaquetando sus pertenencias porque la destitución es cuestión de horas, en ocasiones.

A mi, sin ser deportista profesional, me pasó algo similar en el que era mi puesto de trabajo justo hace ahora seis meses. El 10 de enero de 2017 quedó así como una fecha a recordar en mi calendario personal. De un día para otro, tras haber sido confirmado semanas atrás, perdí mi empleo. Cajita de cartón, fotos de mis hijos dentro, y despedida de los muchos amigos que allí dejé, sin duda lo mejor que me llevo. No todos pueden decir lo mismo tras verse en la calle, aunque también es cierto que eché en falta al menos un mensaje de mucha gente que aún hoy no ha dado señales de vida.

Una puerta se cierra, otras se abren

No era la primera vez que me despedían. Once años atrás, febrero de 2006, pasé por una situación similar, entonces sin comprenderlo tan claramente como ahora. En este último caso hubo cambio de jefe, pero en el anterior no; lo que hubo fue un cambio de parecer suyo por una estupidez alimentada por las malas influencias de las que se rodeó, y de las que posteriormente se deshizo al ver la realidad, por cierto. Una pérdida de confianza sin ningún sustento objetivo.

Seis meses después de perder el empleo, recuerdo esta situación porque todo es similar a la actualidad. Verse en la calle sabiendo que no se ha hecho nada mal no es del agrado de nadie, pero lo vivido en 2006 me hace ser optimista.

En aquel caso, muchas puertas se abrieron después, conocí a gente interesante, tuve la oportunidad de ampliar mis experiencias profesionales a otros campos como la fotografía y descubrí que lo que a veces supone un duro mazazo, que lo es, también es una nueva opción para que la vida te depare nuevas aventuras, a pesar de que ahora cuente con once velas más en mi tarta, sin azúcar por supuesto, de cumpleaños.

Por eso, porque ya me levanté otra vez, no me cabe duda de que tarde o temprano las cosas volverán a ir mejor, y mientras que no sea así, tengo mucha gente a mi lado que me apoya, me ayuda y me hace seguir adelante en un camino que en ocasiones se hace más duro y otras más liviano. Gracias a todos los que estáis ahí, y los que no estuvísteis hace seis meses, ya no hace falta que regreseis. El tiempo pone a cada uno en su lugar.

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