El río Guadiaro necesita una solución definitiva

Era de esperar. La llegada del verano pone en marcha una guerra política inevitable en los últimos años. La desembocadura del río Guadiaro en la urbanización de Sotogrande (San Roque), se cierra por completo, impidiendo la arena el intercambio de agua con el mar y el consiguiente riesgo vital para los peces. Esto, como digo, es algo habitual, como reconoció el propio subdelegado del Gobierno en la provincia de Cádiz, Agustín Muñoz. Un fenómeno de carácter absolutamente natural, esperado y recurrente, según sus propias palabras. Además añade que no depende de la Demarcación de Costas de Andalucía Atlántico retirar la arena de la desembocadura, aunque el año pasado así se hiciera.

Saca de arena río Guadiaro
Máquinas de Costas retiran arena de la desembocadura del río en septiembre de 2016.

El subdelegado considera, por último, que al tratarse de un problema medioambiental, la competencia reside en la Junta de Andalucía, y esgrimió una concesión administrativa que en su día se otorgó al Ayuntamiento de San Roque para pedir a la administración local que actuara.

También era de esperar la reacción del alcalde sanroqueño, Juan Carlos Ruiz Boix, que consideró un despropósito la petición del Gobierno español. El máximo mandatario municipal indicó que ya renunciaron a esa concesión administrativa hace dos años, recordando el precedente del año pasado, “cuando tras veinte días de cierre de la bocana y numerosos llamamientos por nuestra parte para que actuara la Demarcación de Costas, tuvimos que abrir la desembocadura al percatarnos de que empezaban a morir los peces por asfixia. La consecuencia fue que desde el Gobierno Central se nos abrió un expediente sancionador, paramos los trabajos y sus máquinas concluyeron la apertura del río a los pocos días”.

Y entre tanto, el río taponado. ¿Qué pasó entonces? Pues lo mismo que el año pasado. Los vecinos, viendo que nadie hacía nada, se pusieron manos a la obra y, palas en mano, abrieron de nuevo la comunicación entre el mar y el río en un gesto simbólico, ya que la cantidad de arena que necesita extraerse excede sus posibilidades. En 2016 al menos funcionó, y al poco tiempo las máquinas de Costas hicieron el trabajo en una actuación de emergencia, tras la primera actuación del Ayuntamiento.

¿Por qué no hay previsión?

Si se sabe que es algo que pasa habitualmente, es difícil entender porqué las administraciones no se ponen de acuerdo y buscan una solución definitiva. Pero claro, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de San Roque son de un color político y el Gobierno de España de otro.

Mientras, los perjudicados son los ciudadanos, que asisten impotentes a un cruce de declaraciones, de petición de responsabilidades, de asunción de competencias, que no aportan absolutamente nada, solamente que el desapego por la política, entendida como acción para lograr el beneficio común, sea aún mayor.

Es una situación recurrente. Si verdaderamente lo es, y se sabe que tarde o temprano la desembocadura se va a taponar ¿cuál es el motivo por el que los técnicos de las administraciones no se reúnen, estudian la situación y llegan a unas conclusiones que sirvan para actuar con eficiencia? Porque está claro que lo que se hace ahora sólo es parchear. Eso sí sería actuar en beneficio del ciudadano, que asiste impasible, sorprendido, y a veces resignado, a una lucha política que no hace bien a nadie.

Y esto no pasa sólo en el Guadiaro, lo mismo sucede en la duna de Valdevaqueros. Pero ese tema da para mucho más.

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