La jornada de pesca de parpujas en La Barrosa concluye con las barcas fuera del mar.

Parpujas en la memoria

Foto de portada cedida por PACO MONTIEL

Cualquier tiempo pasado no fue mejor, pero tampoco todo lo que dejamos atrás fue peor. A mediados de los 80 del pasado siglo, La Barrosa era, al igual que en la actualidad, una de las mejores playas de España, no tengo duda. Sin edificaciones ni paseo marítimo, las dunas y los pinares adornaban la bella estampa natural del litoral. Adentrarse más allá de lo que hoy es el Novo Sancti Petri (por más que le cueste entender a muchos Sancti Petri es otro lugar), era una auténtica aventura y eso si que era integrarse en plena naturaleza. Como premio, la soledad en una playa kilométrica, sin ruidos, sin molestias, descansando…

Muchos son los recuerdos de esa época. Los viajes en bicicleta a los pinares cercanos a Roche en busca de una morera a la que esquilmábamos con regularidad; las tardes playeras en casetas de madera con eternas reuniones en torno a un bingo y nosotros, los niños, enfrascados en guerras de arena y sumergidos en agua todo el día; las escapadas y los juegos en las zanjas excavadas para la próxima construcción del Novo… Como digo, cientos de recuerdos. Decía el periodista Ted Koppel que al envejecer nos vamos ahogando en la nostalgia, y a lo mejor eso es lo que me está sucediendo.

Pero si hay algo que echo en falta en estos días de verano es la pesca de las parpujas, esas pequeñas sardinas de sabor exquisito. Mientras jugábamos en la playa, veíamos a un lado las barcas de los pescadores esperando su momento, que llegaba entrada la tarde, cuando se hacían a la mar empujadas por un camino de traviesas de madera. Había días en los que superar la rompiente de las olas era un verdadero espectáculo, pero solventada con maestría esa dificultad, la faena daba comienzo.

Pescadores de parpuja en La Barrosa
Una pareja de pescadores de parpuja recogiendo las redes en La Barrosa. Foto de Pedro Leal.

Una vez desplegada la red en el mar, rodeando el banco de parpujas, comenzaba el regreso a la orilla para cobrarse las capturas. Recuerdo estar ahí, con mi padre, siempre con él, observando toda la maniobra y esperando con impaciencia mi momento favorito: tirar de la red codo con codo con los pescadores y otras personas que, al igual que nosotros, se acercaba a ayudar y ver cómo se acercaba el copo.

Según iba llegando a la orilla, el chapoteo producido por la agitación de las miles de pequeñas parpujas que empezaban a ser conscientes de su destino más imediato se incrementaba a cada momento, poco a poco hasta que, por fin, el copo llegaba a tierra firme.

Parpujas en la red de los pescadores en La Barrosa
Las parpujas en el copo. La pesca llegaba a su fin. Foto de Paco Montiel.

No importaba las veces que hubiese sido testigo de ese momento. Cada tarde era diferente; entraba casi en trance, mirando asombrado a esas pequeñas sardinas y otros peces arrastrados por la red, mientras que los pescadores iban sacándolas y metiéndolas en cajas de madera que luego cubrían de hielo. Nosotros, allí mismo, les comprábamos un buen puñado, pero recuerdo cuando nos íbamos de la playa a una persona siempre en el mismo sitio, junto a la venta El Pino, vendiendo parpujas. Harina y freidora era todo lo que se necesitaba para disfrutar de un bocado exquisito, de tres en tres, enlazadas por las colas.

La sociedad avanza, los tiempos cambian y el cuidado de los recursos naturales llevó a la prohibición de la pesca de las parpujas, quedando pues en el recuerdo de muchos chiclaneros como yo. El Ayuntamiento quiso recuperar esta tradición hace unos años, pero creo que es algo realmente complicado.

En cualquier caso ahora, cuando pienso en esos días, hay ocasiones en las que me veo en la orilla, de nuevo tirando de la red, pero delante de mi ya no está mi padre. Ahora soy yo el padre orgulloso que ve como un niño de nueve años mira hacia atrás mientras se afana con pasión, divertido, agarrado a la cuerda. Me sonríe y yo también lo hago. Ojalá él también hubiese disfrutado de esos momentos.

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2 comentarios en “Parpujas en la memoria”

  1. Los que tuvimos la oportunidad de conocer y retener en nuestra memoria lo que disfrutábamos “desde la orilla” tirando de las redes repletas de parpujas, seguro que tendríamos que darle la razón a ese periodista que mencionas: “que al envejecer nos vamos ahogando en la nostalgia”, pero no me importa que incluso me llamen retrógrado por recordar aquellos preciosos momentos que vivimos. Enhorabuena.

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